miércoles, 7 de enero de 2015

No nos callarán

Concentración frente a la Embajada de Francia en Madrid
Bien entrado el siglo XXI, aún pasan cosas incomprensibles para la gente que no tiene la violencia en su abc de comportamiento. Ir a la redacción de una revista y cepillarse a 12 personas es algo que todavía puede pasar hoy en día, y todo por caricaturas, por dibujos (foto de @cdperiodismo) con un punto de humor.

Estamos ya en 2015, ese año que nos enseñaron que nos recibiría con coches voladores, monopatines sin ruedas, puertas sin cerraduras y bares sin camareros (Regreso al futuro II, año 1989), pero la misma mala leche y lado embrutecido en los seres humanos, que son incapaces de convivir juntos sin que una parte se altere hasta el punto de asesinar a otros por algunas diferencias. Somos unos tarados, pese a ser la raza animal más inteligente de este planeta.

La cuestión está en que no todos somos iguales, algunos preferimos saber reírnos de nosotros mismos y aceptar que no todos opinamos lo mismo. Ah, y cuando encontramos a alguien que no es igual, que dice cosas diametralmente distintas y que incluso pueden carecer de sentido común, no agarramos un kalashnikov para liarnos a tiros con él.

Algunas de esas personas nos hemos juntado, varias horas después del incidente de Charlie Hebdo en París, junto a la embajada francesa en Madrid, a decenas de metros de la Puerta de Alcalá. El silencio como norma no escrita, y de vez en cuando alzar la voz para defender la libertad de expresión, el periodismo como una forma de transmitir lo que ocurre, a nivel local, global o el que sea, el himno francés entonado por los compatriotas de los 12 fallecidos en un atentado terrorista.

Se palpaba tristeza, casi hasta la lágrima en algunos casos. Los pelos de punta por ese silencio, muy dolorido. Se han marchado 12 personas que sólo se expresaban en un medio de comunicación. Nadie está obligado a leerlo si no le gusta. Al final, a través de la miradas, lo que ves no es sólo tristeza. También ves firmeza, la suficiente como para tener claro que no se puede acallar la libertad de expresión tan fácilmente. Vosotros con armas automáticas, pero nosotros seguimos teniendo bolígrafos para escribir. Esas armas esgrimían en París, en la plaza de la República. ¡Qué gesto tan bonito!

En la calle Salustiano Olozaga de Madrid éramos pocos (hartazgo de Navidades, inicio de rebajas, tarde muy fría, mucha gente que seguro no se enteró), pero teniendo muy claro que unos cuantos malnacidos no se van a cargar una forma de pensar, tan sencilla como la de respetar a los demás y dejarles que digan lo que piensan.

De vez en cuando salía algún grito individual, un "todos unidos" de una mujer que estaba a mi lado, otra un poco más adelante que decía "no pasarán". El "no pasarán", tras una noticia como esta, yo prefiero convertirlo en un "No nos callarán". La historia nos demuestra que las pistolas, las metralletas, los obuses, los botones rojos que activan bombas, pueden provocar mucho daño, y que en muy poco tiempo se puede destruir algo que ha costado mucho levantar, pero también nos indica que las plumas y bolígrafos siempre se impondrán al terror y la violencia. Esta vez no va a ser menos.

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