Es oficial, y el jugador ya compareció en rueda de prensa para hablar sobre ello y sus sensaciones. Aunque todos lo dimos por hecho hace ya varios meses. Lo deja uno de los nuestros. Me cuesta imaginar que el porcentaje de aficionados al baloncesto que adora o por lo menos aplaude la carrera y la forma de jugar de este base canadiense esté por debajo del 90-95%. Su huella en este deporte, y más particularmente en la NBA, es profunda, porque nos hizo vivir muchas noches muy especiales dirigiendo en pista a un equipo, Phoenix Suns, que llamó mucho la atención de los seguidores de este deporte a nivel mundial.
Su carrera empezó ahí mismo, en Arizona, pero tras dos años cogiendo sus primeros minutos, el rumbo cambió. Le traspasaron y Dallas Mavericks fue su nueva casa. Tras dos temporadas con ciertos titubeos, al final en su tercera campaña en Texas empezó a convertirse en uno de los grandes bases de la liga, siendo uno de los mejores anotadores de su equipo y ascendiendo en el ranking de pasadores hasta donde correspondía a un jugador con su puesto y minutaje. Una vez dio el salto, su equipo lo dio con él. La franquicia llevaba ya una década sin play-offs y volvió con Nash a la batuta. La plantilla no estaba nada mal, todavía andaba por allí Michael Finley y ya estaba Dirk Nowitzki, por ejemplo.
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