Golden State Warriors-Cleveland Cavaliers. Es un gran cartel, seguro que merecerá la pena verlas, no lo dude. Y la manera de llegar no ha seguido exactamente el guión marcado a mediados de abril, pero se podía intuir que este era el enfrentamiento más probable. Seguro que a la NBA no le parece nada mal. El MVP, la nueva megaestrella, Stephen Curry, contra LeBron James, ese hombre récord que se va a retirar, quizá, siendo incluido en el mejor quinteto de la historia del baloncesto.
He de reconocer que no es mi final preferida. Más allá de filias y fobias, es una pena cómo ha terminado la temporada Atlanta Hawks. Han hecho la mejor temporada de su historia, y eso lo han conseguido con un estilo de juego magnífico, rápido y divertido, sin olvidar que hay que bajar el culo en defensa para poder competir con cualquiera. 60 victorias en temporada regular, pero en play-offs no han conseguido sostener su nivel. Han pasado dos eliminatorias con bastantes dificultades, pero los Cavaliers les han pasado por encima, sin Kevin Love y con un Kyrie Irving muy lejos de su mejor nivel físico. Los Hawks se estaban convirtiendo en una especie de San Antonio Spurs de la Conferencia Este, aunque sin tener cracks de la talla de Tim Duncan o Tony Parker.
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